viernes, 8 de noviembre de 2024

LA CASA GRANDE DE CILLEROS - Cáceres

 

En el municipio cacereño de Cilleros, situado en la comarca de Sierra de Gata, nos podemos encontrar con una enorme mansión palaciega del siglo XIX, de estilo neoclásico es uno de los inmuebles más característicos de la localidad. Este palacio, de fachada encalada y enlucida, se estructura en 3 plantas y posee casi 2000 metros construidos ocupando toda una manzana en el centro de la población, la podemos encontrar en la calle Santo, junto detrás del Ayuntamiento. Pero el edificio no es célebre por su arquitectura sino más bien por la historia que marca su origen.
Su construcción data de 1863 y cuenta la leyenda que fue construida por amor:
Un joven cillerano se enamora perdidamente de una muchacha del vecino  pueblo de San Martín de Trevejo, ella además de por su belleza destaca también por su hermosa voz. Cierto día el joven decide pedirle la mano a su padre, pero al progenitor de ésta le pareció insuficiente la casa en la que vivía el pretendiente y pensando que su hija merecería algo mejor le deniega la mano hasta que el joven pueda levantar un jaulón (mansión) a la altura de su pajarillo. El joven invirtió todo su dinero y comenzaron las obras de la casa, fue diseñada para que tuviera tantas puertas y ventanas como días tiene el año. Pero el joven se arruina en su intento de complacer a su futura familia política. Enterada la muchacha de la bancarrota de su pretendiente, lo abandona buscándose un mejor partido. Cuentan que él pasó los últimos días de su vida pidiendo limosna en Madrid.
En un principio el inmueble fue conocido como la Casa Nueva, aunque ha perdurado en el tiempo como la Casa Grande o Palacio de los Bacas, este último apelativo debido a que fue la familia Bacas la que compró la casa. Actualmente el edifico se encuentra dividido en tres viviendas, propiedad de sus herederos.

Extremadura Misteriosa 

EL FANTASMA DE SAUCEDILLA - Cáceres

 

Un extraño personaje mantuvo en vilo a la localidad cacereña de Saucedilla allá por el año 1983, las sucesivas apariciones de una tenebrosa criatura a adolescentes del pueblo sembraron el terror.
Mari Carmen, una adolescente de 14 años regresaba a casa sola el 17 de octubre de 1983, ya casi había atardecido, caminaba por la avenida Juan Antonio González Amézqueta, lo hacía cabizbaja, enfrascada en sus pensamientos, la calle se encontraba ya casi en penumbra. De repente, al levantar la cabeza, una extraña figura a lo lejos despertó su inquietud, un extraño personaje se aproximaba caminando por la otra cera en dirección suya. Aquella figura avanzaba con un paso parsimonioso, tenía una estatura descomunal y vestía unos largos y oscuros ropajes. A penas habían transcurrido unos segundos cuando el extraño ser cruzó la calle cambiándose a la acera por la caminaba Mari Carmen y comenzó a avanzar lentamente hacía ella. La adolescente fue progresivamente disminuyendo el paso hasta que se encontró frente a la figura, no debían de separarlos más de cinco metros, Mari Carmen inmóvil, muerta de miedo observaba a este extraño ser que no le quitaba la vista de encima. Entonces pudo fijarse bien en él, solo su envergadura causaba pavor:
Creo que podía medir los tres metros de estatura. Sus ropas eran extrañas, a modo de túnica negra, muy holgada, que le caía a plomo hasta el suelo. No parecía que tuviese pies o, al menos, no los vi. Pero, es que, además, tampoco se le notaban las piernas, que se deberían dibujar en el tejido al caminar. De cualquier forma, aquel ser no se desplazaba como nosotros, iba como flotando a ras del suelo. Se deslizaba siempre a la misma velocidad, uniforme y muy lenta, sin hacer movimiento alguno con el cuerpo. Al llamarme la atención precisamente esto que digo, miré a hacia donde deberían estar sus pies y observé algo que me sigue intrigando ahora. La parte baja de su vestimenta se agitaba como si tuviera algo que echara aire debajo de esos faldones, ¡vaya, que parecía que tuviera dentro un ventilador!.
Mari Carmen observó otros detalles de este tenebroso ser que no podrá olvidar jamás:
En la cabeza parecía llevar un tocado, pero su rostro no lo pude distinguir, no sé si porque el gorro hacía sombra o porque la luz ya era casi inexistente. También, llevaba una especie de bolso o algo colgado. No tenía brazos o no se le apreciaban, tal vez los llevara pegados a los costados 
Durante unos instantes la joven no sabía como podría reaccionar este ser, entre la distancia de ambos se encontraba una bocacalle. Repentinamente y en silencio con la misma pasmosa lentitud con la que se acercó, el extraño paseante se giró internándose por la calle que los separaba. Ella en un acto de valentía, salió detrás asomándose a la calle pero aquella presencia se había esfumado, era prácticamente imposible que  hubiese alcanzando el otro extremo de la calle en tan poco tiempo, pues no debieron pasar más de cinco segundos. Llena de pánico emprendió una desenfrenada carrera hasta llegar a su casa. Cuatro días más tarde, Mari Carmen, acompañada de dos chavales más jóvenes, a los que le había contado la historia, salieron para buscar a esta tenebrosa criatura, y como acudiendo a la llamada este misterioso ser hizo acto de presencia. Se encontraban caminando por una de las calles del pueblo, cuando uno de los chavales vislumbró en el otro extremo de la vía una extraña presencia y comenzó a gritar y señalándola. Un escalofrío recorrió sus cuerpos, los dos adolescentes salieron huyendo rápidamente, pero Mari Carmen se mantuvo inmóvil unos segundos sin quitar la vista de aquella extraña figura, tras un momento de observación salió huyendo tras de ellos:
Estaba allí, parecía observarnos, asomado a la otra esquina. Sólo se le veía la cara, una cara redonda y blanca. Se distinguía perfectamente en la oscuridad, a pesar de la distancia. Era un rostro resplandeciente y sus ojos, también. 
Seguramente por miedo al ridículo y a que no la creyeran, no les contó nada a sus padres hasta pasados dos días, y lo hizo cuando otra chica, Mariví de once años llegó con el semblante desencajado, contando a un grupo de amigos que había visto una misteriosa persona muy alta vestida con un traje largo y negro.
Paralelamente a estos hechos, otra joven del pueblo, María del Mar Mariscal, de 13 años de edad tuvo dos extrañas experiencias con un ser de similares características.
Su primer encuentro se produjo cuando la joven caminaba por la avenida Juan Antonio González, era ya de noche, se encontraba a punto de llegar a su casa, cuando a unos metros de la puerta de su domicilio, observó en mitad de la calzada una silueta alta vestida con unos ropajes largos y oscuros. Esta presencia se mantenía inmóvil, parecía estar observándola. María del Mar la estuvo mirando unos segundos, apartó un instante su vista del inquietante observador y cuando volvió a mirar había desaparecido. Rápidamente se metió en casa, y decidió intentar borrar de su mente aquella visión.
Esa misma noche, unas horas más tarde, la joven volvería a tener otro encuentro con el tenebroso ser, esta vez la situación sería de mayor pánico. María del Mar y su familia no habían hecho nada más que terminar de cenar y la joven se levantó para recoger la mesa, salió al patio exterior de la vivienda donde se encontraba el cubo de la basura para tirar los desperdicios.
Cuando se disponía a tirar las sobras, junto a unos de los postes de la cancela exterior de la casa y dentro de recinto se encontraba inmóvil una figura muy alta, de aspecto humano, llevaba una amplia túnica que no dejaba ver ni pies ni manos, parecía flotar sobre el suelo. Llevaba algo parecido a un bolso en su brazo derecho. Su cabeza tenía forma “apepinada“ y se le veía la cara perfectamente, muy pálida, con el cabello corto peinado hacia los lados y con una marca, parecida a una cicatriz bajo la mejilla izquierda. Los ojos eran muy pequeños, como dos puntos brillantes extraordinariamente oscuros. Medía más de dos metros, pues la columna junto a la que se encontraba, tenía dos metros de altura y solo alcanzaba los dos tercios de su cuerpo.
María del Mar se encontraba solamente a unos pasos de la extraña figura, ésta se mantenía quieta, pero parecía mover los labios como queriendo decirle algo y con la mano derecha le hacía gestos indicando que se acercara. La joven ni siquiera soltó lo que llevaba en sus manos, salió disparada hacía el interior de su casa, con el miedo reflejado en su rostro, entró gritando que algo espantoso se encontraba en el patio.
Su padre salió de la casa raudo, cuchillo en mano, pero en el jardín ya no había nadie y la cancela se encontraba cerrada, esa noche los perros de los alrededores no pararon de aullar y ladrar.
Tras los diversos avistamientos los hechos adquirieron tal relevancia que hicieron intervenir a las autoridades, incluso la Guardia Civil acompañada de numerosos vecinos realizaron los días posteriores batidas por el pueblo y sus alrededores, intentando dar con el extraño ser sin éxito.
Para terminar decir que las misteriosas apariciones han sido descritas de forma similar por todos sus protagonistas y ocurrieron paralelas en el tiempo por lo que todo hace pensar que estamos ante un único extraño humanoide.

Extremadura Misteriosa 

La Tuerta -bandolera = Madrid

 

Otra vez, como en algún caso del bandidaje en esta zona de España, debemos recurrir a la narración contemporánea del inglés George Borrow en su obra “Los gitanos en España”.
Este autor de este estudio sobre la situación de los gitanos en el país, y de otro ensayo interesante como es La Biblia en España, (que ya hemnos mencionado en otros artículos), apunta a que esta etnia en Madrid es incansable en la rapiña, y añade que “andan de aquí para allá por la villa y los arrabales desde la mañana a la noche”, así como que “en las cárceles de El Saladero o en la de la Corte, nunca falta una docena de gitanos”.
Conocedor del pueblo gitano, permaneció algún tiempo en sus campamentos e incluso él mismo apunta que consiguió hablar “caló”, nos deja en la obra “Zincalí: Los gitanos en España”, un comentario sobre la existencia de una gitana dedicada al bandidaje en la sierra de Guadarrama y en la se Somosierra, conocida como La Tuerta, por faltarle un ojo.
Dice Borrow que había en Madrid dos gitanas de gran renombre, Pepita o Pepa, y La Chincharrona, que se dedicaban a leer la buenaventura, y a otros menesteres menos recomendables para todos aquellos a los que se aproximaban.
Un día, Pepa le presentó a sus dos hijas, La Tuerta y La Casdami o La Escorpión, esta última de trece años, que tenía ese mote por la maldad con la que actuaba. No obstante, el relato del autor inglés se inclina más por la primera con la que mantiene un diálogo que reproducimos en algunas de sus partes.
“Soy chalana, hermano, y muchas veces he robado en los caminos, como todo nuestro pueblo lo sabe. Me visto de hombre y salgo con alguno de ellos. He robado sola con mi escopeta y mi caballo en el puerto de Guadarrama y el de Somosierra. Una vez robé sola a una cuadrilla de veinte gallegos, que volvían a su país después de segar las cosechas de Castilla; les despojé de todas sus ganancias; pude despojarles hasta de sus ropas si hubiese querido, porque se hincaron de rodillas como cobardes. Me gustan los hombres valientes, sean busnó o gitanos. Cuando era poco mayor que El Escorpión fui con otros varios a robar al cortijo de un viejo; era a unas veinte leguas de aquí. Lo asaltamos a media noche y atamos al viejo; sabíamos que tenía dinero, pero él dijo que no, y no quería decirnos dónde estaba; le dimos tormento, pinchándole con las navajas y quemándole las manos en la lámpara, pero de nada sirvió. Al cabo dije : “Probemos con los pimientos”; tomamos pimientos verdes, le abrimos los párpados y le restregamos las pupilas con ellos. Fue el peor tormento de todos. ¿Querrás creerme? El viejo lo resistió. Entonces nuestra gente dijo: Vamos a matarlo; pero yo dije que no, que sería una lástima; así, le perdonamos, aunque no habíamos conseguido nada. Desde entonces he tenido gran afecto al viejo por su firme corazón, y me hubiese gustado tenerle por marido”.
No sabemos nada más de esta chalana, pues Borrow no la vuelve a mencionar en su obra, ni aparece reflejada en ningún otro texto de la época, ya sea como gitana o como bandolera.

 El Correo de Madrid

La Virgen de Czestochowa en lo alto de Somosierra .= Comundad madrileña

 

La virgen polaca de Czestochowa, la batalla de Somosierra y Napoleón. ¿Qué hace una imagen de la Virgen de Czestochowa en lo alto de Somosierra?. Pues bien, el origen de su presencia está en un episodio histórico-bélico de nuestra reciente historia. La Guerra de la Independencia libró allí, en el Puerto de Somosierra, una de sus más famosas batallas.
Para llegar a Madrid y para salir hacia Francia era preciso atravesar la sierra por alguno de los pasos existentes a principios del siglo XIX, y desde luego no eran ni cómodos ni asfaltados como lo son ahora. Tal vez por ello la relación de Napoleón Bonaparte con la Sierra de Guadarrama no se puede decir que fuera contemplativa ni naturalista. La experiencia del Emperador fue más que dificultosa en tales pasos.
Nos ponemos en situación: el 30 de noviembre de 1808 las tropas francesas con el mismísimo Napoleón al frente avanzaban hacia la capital a través del paso de Somosierra. Allí les esperaba el general San Juan con sus baterías de cañones que comenzaron su acción haciendo estragos en las líneas de la Grande Armée. Ante el enorme número de bajas y la imposibilidad de continuar, el propio Napoleón ordenó el ataque de un escuadrón del regimiento polaco de caballería que integraba las fuerzas del multinacional ejército napoleónico. La mayor parte de los soldados polacos murieron, pero consiguieron la retirada española y el paso hacia Madrid. (Hay versiones que dicen que no murieron tantos, y que las tropas españolas abandonaron a las primeras de cambio. Desconocemos hasta dónde llega la verdad de este testimonio y tampoco queremos desilusionar a nadie).
Lo cierto es que en la Ermita de la Soledad, en el Puerto de Somosierra, diferentes placas rememoran aquel episodio, e incluso una imagen de la Virgen de Czestochowa, en memoria de los soldados polacos, convive con naturalidad entre las imágenes religiosas locales.
Más adelante, Napoleón tendría que vérselas de nuevo con la Sierra madrileña, esta vez en el Puerto de Guadarrama cuando se dirigía a Francia. Allí fue el hielo y la ventisca los que le dieron un anticipo de lo que serían sus campañas rusas.

ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS

jueves, 7 de noviembre de 2024

El Santo Grial

 


El propio Wagner, al localizar el escenario del castillo de Montsalvat, donde se encontraba el Santo Grial o Graal, la milagrosa copa capaz de conceder la inmortalidad, que utilizó Jesucristo en la Última Cena y en la que José de Arimatea recogió su sangre cuando estuvo en la cruz, aludió a las «montañas septentrionales de la España gótica».

Parece no haber dudas de que ese lugar es San Juan de la Peña y parece que Anfortas, (el «rey pescador) de la leyenda artúrica, no sería otro que Alfonso I el Batallador, en quien al parecer se cumplen todas y cada una de las características del rey del Grial, incluso la de haber contraído matrimonio con una princesa orgullosa - que sería la leonesa doña Urraca - y no dejar descendencia.

Como se sabe, el Santo Grial había sido trasladado a Roma por san Pedro para que sirviese de cáliz en la primera sede episcopal del cristianismo. Durante la cruel persecución de Valeriano, que pretendía hacerse con todos los tesoros de la Iglesia, el papa Sixto, antes de ser martirizado, encargó al diácono Lorenzo que guardase bien el Grial. Lorenzo, que era de Huesca, lo envió secretamente a su ciudad natal.

La invasión árabe obligó al obispo Acisclo a huir de Loreto, Huesca, con la sagrada reliquia, que estuvo escondida en una cueva, antes de pasar por varios monasterios pirenaicos, y llegar, a principios del siglo XI, a la catedral de Jaca. Un obispo trasladó el Grial desde Jaca a San Juan de la Peña, y allí permanecía la reliquia cuando pasó el caballero Parsifal, aunque no llegó a verlo por carecer de los méritos necesarios.

A finales del siglo XIV el rey Martín el Humano se llevó el Grial a Zaragoza, donando a cambio un precioso cáliz a San Juan de la Peña. La reliquia pasaría más tarde a la capilla real de Barcelona, pero el rey Alfonso V la trasladaría a Valencia, y Juan II se la entregaría al cabildo catedralicio de la misma ciudad, que le consagró una capilla especial y es su actual depositario.
También hay quien señala que el Grial de Valencia no es el verdadero, pues el caballero Parsifal, tras haberse purificado en las cruzadas, habría regresado a San Juan de la Peña para hacerse con el sagrado vaso, que habría trasladado a algún lugar de Oriente, donde ha de quedar oculto por los siglos de los siglos, hasta el fin de los tiempos.

Virgen de Loreto - Santa Pola

 

En el caso de la villa pesquera de Santa Pola (Alicante), cuenta la tradición que la imagen de la Virgen de Loreto llegó por el mar Mediterráneo, desde la lejana costa andaluza situada al sur de la Península.

La leyenda cuenta que...
Corría el año 1643. Una rebelión se ensañaba contra todo edificio e imagen cristiana de El
Puerto de Santa María (Cádiz). María de Guadalupe, porteña temerosa de lo que acaecería
a una imagen de la Virgen que guardaba en su morada, se dirigió al puerto y, sigilosamente, entregó la imagen a un joven pescador, quien resultó ser natural de la colorida Villajoyosa (Alicante). Rogó, al hombre, que dejase la figura cristiana en el primer puerto en el que amarrase, lo cual él prometió que haría pensando, para sus adentros, que llegaría a su pueblo natal sin echar anclas en ningún puerto para, así, quedarse con la imagen.
Ya había partido, el vilero, de la costa andaluza y se encontraba frente a la bahía de Santa Pola cuando un fuerte temporal se levantó en altamar. Tan altas olas había y tan fuerte y racheado era el viento que, muy a su pesar, se vio obligado a refugiarse en el puerto santapolero. Hasta en dos ocasiones intentó reemprender su viaje, aunque siempre tuvo que regresar a puerto, ya que el temporal no amainaba. Comprendió, el marinero, que el deseo de la Virgen era quedarse allí, en Santa Pola, y solo cuando el joven accedió a esto,pudo continuar navegando hacia Villajoyosa.

Sendas y Leyendas

Las lágrimas de una reina = Beleña (Salamanca)

En el pueblo de Beleña, cerca de un castillo del que aún se“conservan restos de los antiguos torreones, corre el río Sorbe, en cuyas aguas se reflejan los altos chopos, formados en dos regios guardianes. Junto al río existe un manantial cristalino que en época remota servía de baño a la reina doña Urraca. Perduran también restos de la vieja muralla que cubría los baños de la Reina de Zamora, quien a diario, acompañada de su dueña y sus doncellas venía a sumergirse en las puras y transparentes aguas.

Y sé cuando enta que una hermosa mañana, al salir del baño la reina, su vieja dueña la contemplaba con mirada sombría. La reina preguntóle la causa de su pena, pero ella callaba, temerosa de disgustar a su señora y ante su insisten, no tuvo más remedio que explicarle:

- He obserrvado, mientras os bañabais, las ondas que en el agua formabais y mi ciencia me revelaba que os veríais envuelta en sangrientas guerras fratricidas.

La Reina lanzó un grito de dolor, mientras en sus ojos temblaban dos lágrimas que al caer al agua convirtieron en rubíes las piedras.

  • Mirad, señora - bien claro lo están diciendo vuestras lágrimas. Y el fondo de la fuente quedó para siempre tapizado de piedrecillas de mil colores que recuerdan las lágrimas de la regia dama. 

Pronto se cumplió la profecía de la vieja, y Zamora se vio sitiada por los ejércitos de su hermano. Pero doña Urraca estaba ya prevenlda desde que le avisaron las piedrecillas de la fuente.




Vicente García de Diego 



El castigo de la abeja

Después de que Dios concluyera la creación de los animales y de decidir cual sería el lugar de cada uno en la tierra, aún quiso regalarles u...