viernes, 8 de noviembre de 2024
LA CASA GRANDE DE CILLEROS - Cáceres
EL FANTASMA DE SAUCEDILLA - Cáceres
La Tuerta -bandolera = Madrid
Este autor de este estudio sobre la situación de los gitanos en el país, y de otro ensayo interesante como es La Biblia en España, (que ya hemnos mencionado en otros artículos), apunta a que esta etnia en Madrid es incansable en la rapiña, y añade que “andan de aquí para allá por la villa y los arrabales desde la mañana a la noche”, así como que “en las cárceles de El Saladero o en la de la Corte, nunca falta una docena de gitanos”.
Conocedor del pueblo gitano, permaneció algún tiempo en sus campamentos e incluso él mismo apunta que consiguió hablar “caló”, nos deja en la obra “Zincalí: Los gitanos en España”, un comentario sobre la existencia de una gitana dedicada al bandidaje en la sierra de Guadarrama y en la se Somosierra, conocida como La Tuerta, por faltarle un ojo.
Dice Borrow que había en Madrid dos gitanas de gran renombre, Pepita o Pepa, y La Chincharrona, que se dedicaban a leer la buenaventura, y a otros menesteres menos recomendables para todos aquellos a los que se aproximaban.
Un día, Pepa le presentó a sus dos hijas, La Tuerta y La Casdami o La Escorpión, esta última de trece años, que tenía ese mote por la maldad con la que actuaba. No obstante, el relato del autor inglés se inclina más por la primera con la que mantiene un diálogo que reproducimos en algunas de sus partes.
“Soy chalana, hermano, y muchas veces he robado en los caminos, como todo nuestro pueblo lo sabe. Me visto de hombre y salgo con alguno de ellos. He robado sola con mi escopeta y mi caballo en el puerto de Guadarrama y el de Somosierra. Una vez robé sola a una cuadrilla de veinte gallegos, que volvían a su país después de segar las cosechas de Castilla; les despojé de todas sus ganancias; pude despojarles hasta de sus ropas si hubiese querido, porque se hincaron de rodillas como cobardes. Me gustan los hombres valientes, sean busnó o gitanos. Cuando era poco mayor que El Escorpión fui con otros varios a robar al cortijo de un viejo; era a unas veinte leguas de aquí. Lo asaltamos a media noche y atamos al viejo; sabíamos que tenía dinero, pero él dijo que no, y no quería decirnos dónde estaba; le dimos tormento, pinchándole con las navajas y quemándole las manos en la lámpara, pero de nada sirvió. Al cabo dije : “Probemos con los pimientos”; tomamos pimientos verdes, le abrimos los párpados y le restregamos las pupilas con ellos. Fue el peor tormento de todos. ¿Querrás creerme? El viejo lo resistió. Entonces nuestra gente dijo: Vamos a matarlo; pero yo dije que no, que sería una lástima; así, le perdonamos, aunque no habíamos conseguido nada. Desde entonces he tenido gran afecto al viejo por su firme corazón, y me hubiese gustado tenerle por marido”.
No sabemos nada más de esta chalana, pues Borrow no la vuelve a mencionar en su obra, ni aparece reflejada en ningún otro texto de la época, ya sea como gitana o como bandolera.
El Correo de Madrid
La Virgen de Czestochowa en lo alto de Somosierra .= Comundad madrileña
jueves, 7 de noviembre de 2024
El Santo Grial

El propio Wagner, al localizar el escenario del castillo de Montsalvat, donde se encontraba el Santo Grial o Graal, la milagrosa copa capaz de conceder la inmortalidad, que utilizó Jesucristo en la Última Cena y en la que José de Arimatea recogió su sangre cuando estuvo en la cruz, aludió a las «montañas septentrionales de la España gótica».
Parece no haber dudas de que ese lugar es San Juan de la Peña y parece que Anfortas, (el «rey pescador) de la leyenda artúrica, no sería otro que Alfonso I el Batallador, en quien al parecer se cumplen todas y cada una de las características del rey del Grial, incluso la de haber contraído matrimonio con una princesa orgullosa - que sería la leonesa doña Urraca - y no dejar descendencia.
Como se sabe, el Santo Grial había sido trasladado a Roma por san Pedro para que sirviese de cáliz en la primera sede episcopal del cristianismo. Durante la cruel persecución de Valeriano, que pretendía hacerse con todos los tesoros de la Iglesia, el papa Sixto, antes de ser martirizado, encargó al diácono Lorenzo que guardase bien el Grial. Lorenzo, que era de Huesca, lo envió secretamente a su ciudad natal.
La invasión árabe obligó al obispo Acisclo a huir de Loreto, Huesca, con la sagrada reliquia, que estuvo escondida en una cueva, antes de pasar por varios monasterios pirenaicos, y llegar, a principios del siglo XI, a la catedral de Jaca. Un obispo trasladó el Grial desde Jaca a San Juan de la Peña, y allí permanecía la reliquia cuando pasó el caballero Parsifal, aunque no llegó a verlo por carecer de los méritos necesarios.
A finales del siglo XIV el rey Martín el Humano se llevó el Grial a Zaragoza, donando a cambio un precioso cáliz a San Juan de la Peña. La reliquia pasaría más tarde a la capilla real de Barcelona, pero el rey Alfonso V la trasladaría a Valencia, y Juan II se la entregaría al cabildo catedralicio de la misma ciudad, que le consagró una capilla especial y es su actual depositario.
También hay quien señala que el Grial de Valencia no es el verdadero, pues el caballero Parsifal, tras haberse purificado en las cruzadas, habría regresado a San Juan de la Peña para hacerse con el sagrado vaso, que habría trasladado a algún lugar de Oriente, donde ha de quedar oculto por los siglos de los siglos, hasta el fin de los tiempos.
Virgen de Loreto - Santa Pola
Las lágrimas de una reina = Beleña (Salamanca)
En el pueblo de Beleña, cerca de un castillo del que aún se“conservan restos de los antiguos torreones, corre el río Sorbe, en cuyas aguas se reflejan los altos chopos, formados en dos regios guardianes. Junto al río existe un manantial cristalino que en época remota servía de baño a la reina doña Urraca. Perduran también restos de la vieja muralla que cubría los baños de la Reina de Zamora, quien a diario, acompañada de su dueña y sus doncellas venía a sumergirse en las puras y transparentes aguas.
Y sé cuando enta que una hermosa mañana, al salir del baño la reina, su vieja dueña la contemplaba con mirada sombría. La reina preguntóle la causa de su pena, pero ella callaba, temerosa de disgustar a su señora y ante su insisten, no tuvo más remedio que explicarle:
- He obserrvado, mientras os bañabais, las ondas que en el agua formabais y mi ciencia me revelaba que os veríais envuelta en sangrientas guerras fratricidas.
La Reina lanzó un grito de dolor, mientras en sus ojos temblaban dos lágrimas que al caer al agua convirtieron en rubíes las piedras.
Mirad, señora - bien claro lo están diciendo vuestras lágrimas. Y el fondo de la fuente quedó para siempre tapizado de piedrecillas de mil colores que recuerdan las lágrimas de la regia dama.
Pronto se cumplió la profecía de la vieja, y Zamora se vio sitiada por los ejércitos de su hermano. Pero doña Urraca estaba ya prevenlda desde que le avisaron las piedrecillas de la fuente.
Vicente García de Diego
El castigo de la abeja
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