viernes, 6 de diciembre de 2024

La leyenda del Sacromonte - Granada

 

Según se cuenta, la caída del Reino Nazarí provocó la huida de los nobles árabes, escondiendo sus tesoros en el Monte de Valparaíso de Granada por miedo a robos durante el viaje. Sus esclavos fueron liberados y buscaron la fortuna de sus señores. Aunque no encontraron nada, sus excavaciones les sirvieron de refugio en lo que hoy son las pintorescas cuevas que dan fama al Sacromonte. Los gitanos también se asentaron en el lugar, practicando rituales para dar con el paradero de tan suculento tesoro. Si permanece allí escondido es todo un misterio...

Guía del Ocio

jueves, 5 de diciembre de 2024

Atland el Encantador - Pirineos - Huesca

 

Desde los primeros tiempos son muchos los personajes que han habitado el Pirineo. Entre ellos, destaca uno muy especial. Medio loco y medio mago, era un ser tremendamente bueno. Su nombre era Atland, y cuentan que descendía de los míticos atlantes que sostenían el mundo.
Atland vivía a las faldas de Monte Perdido, en el macizo de las Tres Serols. Humilde, llevaba una vida tranquila. Dice la leyenda que su apariencia humana era la de un anciano y que una larga barba blanca decoraba su rostro. En soledad enfrentaba las adversidades climáticas que ofrecía la montaña y era tal la admiración que sentían por él, que las gentes de los pueblos cercanos le bautizaron como «El encantador de las cumbres».
Cuenta la leyenda que los dioses habían encargado a Atland la construcción de un palacio. Un paraíso en el mundo terrenal. Y el resultado fue maravilloso. El castillo se encontraba oculto entre las nubes de las Tres Serols y grandes murallas y torreones lo protegían. Construido en roca y cristal, estaba repleto de hermosos jardines, verdes prados y airosas cascadas. 
Sin embargo, el acceso hasta el palacio estaba reservado a unos pocos elegidos. Solo era visible a aquellos poseedores del don de la doble visión, y solo a lomos de un caballo alado era posible cruzar sus murallas. 
Las noticias del hermoso lugar llegaron a oídos del temido y malvado gigante Netú, quien juró conquistar el preciado palacio. Cuando llegó hasta Monte Perdido no pudo encontrarlo, invisible para quienes no poseyeran un corazón puro. Netú entró en colera y sin dudarlo disparó una flecha contra Atland, quien pronto perdió la vida.
Como castigo, los dioses lanzaron un rayo contra Netú. El gigante murió y quedó sepultado entre las rocas, dando forma a la cima del Aneto. Todavía hoy cuentan que las nieves perpetuas de los glaciares pirenaicos son las blancas barbas de Atland.

Cima-Norte

Leyenda del Aneto - Hiesca

 


Las últimas llamas del inmenso incendio que mató a Pirene se apagaron y las nieves lo cubrieron todo. Pero con su deshielo, la vida empezó a volver al bosque. Poco a poco, emergieron verdes prados y crecieron hermosas flores. Los ríos recuperaron su energía y los ibones se llenaron. Los animales y el equilibrio de la naturaleza regresaron.
Las personas también empezaron a construir pueblos y poblar los valles. Y al mismo tiempo, llegaron los gigantes, atraídos por la belleza de estas montañas. Sin embargo, eran seres temidos y despreciados por los dioses. Así que vivían escondidos.
Uno de los gigantes se llamaba Netú. Tenía fama de ser malvado y su carácter era terrible. Aunque vivía perdido en las montañas junto a sus ovejas, nadie osaba cruzarse en su camino. Pobre del que lo hiciera. 
Cuenta la leyenda que un día, un mendigo apareció en el Valle de Benasque. Era muy trabajador y en seguida se ganó el afecto de la gente del lugar. Contaba historias a pequeños y mayores e hizo grandes amistades. Sin embargo, pasados unos meses, decidió continuar su camino.
Las gentes del valle le advirtieron sobre Netú, pero el mendigo siguió su marcha y se adentró en el valle. Tras varios días de viaje, el agua y la comida se agotaron. Y a lo lejos, observó un rebaño. Confiado, se acercó. 
De repente, apareció el gigante Netú, pues eran sus ovejas. En vez de huir, el mendigo, amable y humilde, se decidió a pedirle ayuda. Pero el gigante, fiel a su mal genio y avaricia, se la negó. No quiso darle agua ni comida. «Suerte que te dejo marchar vivo», le dijo. 
El mendigo, sorprendido por tanta codicia, le contestó con calma: «tu corazón es duro como la roca, ojalá todo tú se convierta en piedra».
En ese mismo instante, Netú observó como su cuerpo se petrificaba. En pocos segundos quedó convertido en una gran roca. Y lo que hoy conocemos como la cima del Aneto es en realidad, Netú convertido en piedra.

Cima Norte 

martes, 3 de diciembre de 2024

La monja poseída del demonio = Córdoba

En el año 1489 una señora muy virtuosa fundó en Córdoba un

convento para viudas y mujeres devotas. Pronto adquirió

gran fama, y a él fueron a acogerse damas y jóvenes de to-

das las edades. Cuéntase que un día entró una novicia que apenas te-


nía trece años, pero que asombraba por su devoción. La cual tomó el

hábito a los quince apenas cumplidos. Esta niña se llamaba Magdale-

na de la Cruz, sin que nada se supiese de su vida, su nacimiento y su

familia. Entonces era una niña y se la acogió muy bien por su inocen-

cia y su candor. Pasado el tiempo, hizo los votos solemnes y cada vez

fue creciendo en santidad y en virtudes. La fama de éstas se extendió

de pueblo en pueblo y de convento en convento de tal manera, que

pronto fue célebre en Córdoba y en sus alrededores. Empezó a correr


el rumor de que hacía portentosos milagros desde el rincón de su mo-

nasterio. El pueblo y la nobleza, que eran muy dados a supersticiones,

conservaban como reliquias todos sus regalos y cartas.


Entre los muchos milagros que se contaban de ella, uno gozaba

de gran popularidad: el día de la octava del Corpus, cuando la sagra-

da custodia recorría las calles de Córdoba, Magdalena se encontraba

“enferma en su celda, sin poder salir a ver la procesión; pero, de re-

lente, cuando murmuró una oración, se abrió la pared de su habita-

ión, y de este modo vio desde el lecho pasar la procesión, y de nue-

el muro se cerró, una vez hubo pasado la custodia y concluido la procesión.


Mos conocida era la leyenda, según la cual las monjas habían visto sobre el lecho de Magdalena infinidad de hermosos carneros negros. Ésta, interrogada acerca de este extraño suceso, contestó queeran ánimas del purgatorio que iban a buscarla para pedirle oraciones.


Cando el provincial de la orden se enteró de aquellos extraños acontecimientos, encerró a la monja en un calabozo hasta aclarar todo aquello.


. La prisión de Magdalena produjo un gran revuelo entre las gentes cristianas de Córdoba, que la tenían como Santa.


El Provincial, hombre sagaz y astuto, empezó a obrar con suma reserva, pues tenía algún indicio para dudar de la santidad de la monja.

Encerrada e incomunicada Magdalena dentro de la Cárcel siguió haciendo sus milagros. Uno de ellos fue que estando las monjas en el coro la vieron aparecer de improviso entre ellas, aunque desapareció en seguida. Magdalena se hallaba por aquellos días con gran fiebre y vigilada severamente en su prisión. Un milagro, Y no otra cosa fue la aparición repentina de la monja.


Una de las veces que vieron a Magdalena dormida en la prisisión le  ataron las manos fuertemente, y, dejándola sola en la habitación, elconfesor, con el hisopo en la mano, empezó a conjurar los diablos que debía tener dentro del cuerpo por medio de un riguroso exorcismo.


Apenas empezó las primeras oraciones, se oyó una voz dentro de ella que decía: «Yo soy el diablo. Tengo bajo mi poder legiones de demonios y con otro de los míos acompaño constantemente a esta pecadora hace años, a la cual no dejaré que se escape, puesto que su alma me pertenece».


Magdalena perdió entonces su serenidad y se puso a temblar. Confesó que desde los trece años estaba en relaciones con los espíritus infernales. Todos los milagros que había obrado habían sido con la ayuda de éstos. Confesó, por fin, que había mentido constantemente y que incluso había llegado a cometer crímenes contra las gentes que. no creían en ella.


Al rogarle el confesor que firmara con su puño y letra todas aquellas confesiones, cayó desplomada en su lecho, exclamando horrorizada: «¡No puedo, padre, no puedo!».


La Inquisición se ocupó del caso, y se cuenta que envió a un sacerdote para desposeerla del demonio. Después de grandes aullidos, como si fuera una sonámbula, El sacerdote con la estola al cuello y el hisopo en la mano, ante un crucifijo, consiguió desalojar a los demonios.


Una vez que hubo firmado su confesión, la inquisición la perdonó y Magdalena acabó viviendo retirada en un convento de la orden


A pesar de su retiro la gente no olvido us portentosos milagros y cuenta la leyenda que siempre que sale la procesión de la octava de Corpus, al pasar junto al convento de la célebre monja, lo hace acelerando la marcha, pues aún se cree aquel lugar poseído por los demonios,


Vicente García de Diego





domingo, 1 de diciembre de 2024

El Papu - Cataluña

 

El Papu o Papus, junto con El hombre del saco, son las historias más conocidas para asustar a los críos. Está presente en muchas culturas.

Orígenes
Emparentado con el Papón asturiano o el papão portugués, comparte la característica de ser capaz de tragarse a sus víctimas sin necesidad de masticarlas. Esto implica que posee una boca y un estómago descomunales.

Características
Como manifestación antropomórfica del miedo, carece de forma definida aunque suele representársele con aspecto semejante a un ser humano. Acostumbra a ir vestido de negro o, por lo menos, con ropas oscuras y a menudo lleva gorro y capa.
Se oculta en la oscuridad y sólo se distinguen sus ojos y cualquier escondite, por pequeño que sea, le sirve.

Variantes
En Cataluña se emplea la palabra "papu" par indicar cualquier cosa llamada a asustar a los niños, como insectos, lombrices o personas desconocidas y con aspecto raro. Aveces, las madres llaman "papu" a las nubes que bajarán del cielo y se llevaran a los niños que porten mal.
"Papu" son también los encapuchados de algunas procesiones.

La Casa del Miedo - Jaén

 

En la Plaza de San Bartolomé y enfrente de la Iglesia de San Bartolomé.
Casa modernista.
Edificio de cuatro plantas más cámara baja que presenta basamento de piedra y ventanales de rejería enrasada en su planta baja, y gran profusión de balcones sobre repisas de piedra en los pisos superiores.
Destacan la puerta tallada con aldabones de bronce, así como el zaguán y la escalera.
Presenta una excelente puerta de madera labrada.
Se usó mármol negro en portales y escaleras, lo que le daba cierto aire fúnebre.
En 1862 el ingeniero de caminos, alcalde, gobernador civil y prohombre de Jaén, Felipe Mingo Garcia (1825-1888) encargó su construcción.
El inmueble, popularmente conocido como “Casa del Miedo”, aparece fechado en 1866.
La mantuvo en alquiler comunicándola con una casa vecina de su propiedad que daba a Maestra Baja (Calle Martinez Molina).
Perseguido por las desgracias, en 1859 murió en Jaén en trágicas circunstancias su primogénita, Luisa Fernanda.
En 1867 murió en Madrid con 4 años Francisco de Asis, su primogénito.
Tuvo otro hijo, también Francisco de Asis en recuerdo del hijo perdido. Ya en esta casa, en 1873 y con ocho meses, se le escapó a la nodriza desde las galerías altas cayendo al patio y falleciendo.
En aquella casa se comprobó documentalmente hubo también muertes accidentales de inquilinos de la casa.
Un aterrador fantasma recorría todas las noches la plaza en dirección a la mencionada "Casa del Miedo". La puerta de la casa se abría sola en cuanto llegaba el fantasma. Hasta que un hombre valiente harto ya de tanto comentario y miedo en torno al fantasma decidió hacer guardia una noche, en una de las esquinas de la Plaza de San Bartolomé. Al fijarse, vio salir del edifico a un extraño ser vestido de blanco, como si llevara una sabana puesta por encima. Se acercó al fantasma con un arma en la mano. El fantasma rápidamente, se levantó la sábana, dejando al descubierto a un elegante caballero, de carne y hueso. No era ningún fantasma el que paseaba por aquella plaza. Era el amante de una dama que habitaba en la Casa del Miedo.
Felipe Mingo cerró la casa y la abandonó mudándose a la vecina casa de la Calle Martinez Molina.
Nadie quiso alquilarla conociéndose desde entonces como la Casa del Miedo hasta que en 1881 Don Antonio del Aguila y Mendoza (1838-1905), conocido popularmente como el Conde del Aguila (nunca fue conde) propietario de la Casería de los Naranjos, la compró.
En la década veinte, una pandilla de niños, vecinos de los alrededores de la plaza, entraban en la casa abandonada, subiendo a las buhardillas y entre sus travesuras tales como mover tablones, hacer ruidos, accionar los llamadores mediante cordeles. Durante un tiempo causaron el miedo entre los vecinos.
Posteriormente la Casa del Miedo albergó la sede del Catastro de Rústicas. Afirman que muchos de los trabajadores que allí prestaron sus servicios, fueron testigos de numerosos y extraños sucesos. Papeleras que se movían solas, sillas que cambiaban de lugar y papeles que desaparecían.
Hoy la Casa del Miedo es un bloque de viviendas. Parece que todo permanece tranquilo.

Redjaén

Manos blancas no ofenden

 

La infanta Luisa Carlota era hermana de María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, cuarta esposa de Fernando VII y regente del Trono de España desde la muerte de este en 1833 hasta 1840. Firme defensora de la opción de gobierno de su sobrina Isabel, tuvo un destacado papel protagonista en la crisis generada durante la enfermedad de Fernando VII en la que tuvo como contendiente a Calomarde. Este último, aprovechando la debilidad del monarca, utilizó su ascendencia sobre él para que anulase la Ley Sálica, y recuperase la norma que priorizaba la sucesión de un miembro masculino de la familia real, por mucho que no fuese descendiente directo del Rey. 
Encontrándose fuera de la corte madrileña, Luisa Carlota se enteró de que dicha derogación de la Ley Sálica se había producido en secreto, casi a traición a instancias del Ministro Francisco Tadeo Calomarde. En un arrebato de rabia e indignación, decidió acudir rauda a la Corte y entrevistarse con el Ministro. Impulsiva como era, defensora de los derechos sucesorios de su sobrina, no tuvo reparo en presentarse frente a frente al poderoso Calomarde y, ante la sorpresa de éste, hacerse con el documento que anulaba la Ley Sálica, rasgarlo y echarlo despectivamente al fuego. Parece que el Ministro trató de recuperar los trozos de la decisión real, que tanto esfuerzo le había costado conseguir. En ese momento, Luisa Carlota, ni corta ni perezosa, ofuscada y ofendidísima por lo que consideraba una traición a su familia, asestó una fuerte bofetada al ministro, que ha pasado a los anales de la historia como uno de los enfrentamientos físicos de la elite gobernante —y mira que ha habido unos cuartos— más célebres y celebrados de la historia de España. 
La contestación posterior, cortes y de la que no se tiene una clara evidencia histórica, no es menos famosa: "Manos blancas no ofenden, señora"... Y así quedó la cosa. La recuperación de Fernando VII acabo con la esperanzas carlistas y despues de enfrentamientos y guerras varias acabaría siendo Isabel II la reina del país... 
Pero esa ya es otra historia.

El castigo de la abeja

Después de que Dios concluyera la creación de los animales y de decidir cual sería el lugar de cada uno en la tierra, aún quiso regalarles u...