lunes, 24 de febrero de 2025

Calle de Puñonrostro - Madrid

 

Esta calle va desde la de San Justo á la plaza del Conde de Miranda.

Tradición.—Aquí existió una casa propiedad de Fernando del Pulgar, cronista de los Reyes Católicos, cuya finca pasó después al conde de Puñonrostro, dando nombre á la calle.
El primer señor de Puñonrostro fué D. Diego Arias Dávila, contador mayor y tesorero del rey D. Enrique IV, su secretario y escribano mayor de sus privilegios. Murió en Enero de 1366. El condado de Puñonrostro se creó en 24 de Abrilde 1523, dándosele á D. Juan Arias Dávila por los servicios que prestó en el alzamiento de las Comunidades, defendiendo bizarramente el castillo de Illes-cas y el Alcázar de Madrid.

(Carlos Cambronero)

El legado del moro - Granada

Era Perejil un gallego fuerte, aguador de oficio, que se ganaba la vida vendiendo el agua fresca que sacaba de un pozo de la Alhambra. Tenía aire jovial y un buen fondo-, pero no era feliz, pues le había tocado una mujer holgazana y descuidada, y además tenía una caterva de hijos harapientos, que lo asediaban como una nidada de gorriones.
En uno de sus viajes al pozo, para ganarse unas monedas, encontró, sentado en un banco de piedra, junto al brocal, a un moro desfallecido, el cual le pidió que en lugar de bajar los cántaros de agua en el borrico, que le bajase a él y le pagaría doble de lo que pudiera ganar con el agua.
Compadecido, Perejil aceptó, diciéndole que no quería recompensa alguna. Al llegar a Granada, preguntó al moro adonde lo llevaba, y éste contestó que no tenía casa ni conocidos y que le pagaría con creces si lo llevaba a su casa. El bueno de Perejil, al verlo en tan extremado apuro, lo condujo a su choza. La mujer protestó, por las consecuencias que tendría para ellos alojar en su casa un huésped perseguido por infiel.
El aguador era duro de cabeza y no quiso someterse a lo que dijo su mujer. Colocó al moro en la parte más fresca de su casa y le dio por cama una estera y una zalea.
Aquella noche un fuerte ataque puso en peligro la vida del moro. Cuando recobró el conocimiento, con voz desfallecida dijo a Perejil que temía morir, y en agradecimiento a lo que había hecho por él, le dejaba una cajita de sándalo que llevaba atada a su cuerpo con una correa. Se repitieron las convulsiones, cada vez más violentas, hasta que al fin el moro expiró.
El aguador y su mujer estaban tristes, pensando que la gente los trataría de asesinos cuando encontrasen al muerto en su casa y que pagarían con la horca la obra de caridad que habían hecho con el moro.
Perejil tuvo una idea. Era de noche; podía sacar el cadáver envuelto en la estera y enterrarlo a orillas del Genil. Nadie había visto entrar al moro en casa y nadie tendría noticias de su muerte.
Dicho y hecho. Su mujer le ayudó a envolver el cadáver en la estera y a cargarlo sobre el asno. Pero la fatalidad quiso que viviera enfrente del aguador un barbero llamado Pedrillo, chismoso y charlatán, que vio entrar aquella noche en casa de Perejil a éste con un hombre vestido de moro.
Por un ventanillo que le servía de mirilla estuvo observando toda la noche la luz que se filtraba por los resquicios de la puerta de su vecino, y antes de amanecer vio que Perejil salía con su jumento, cargado de un modo muy raro. Siguió al aguador a cierta distancia, hasta que vio que se detenía a cavar una fosa, a orillas del Genil, para enterrar un bulto que parecía un cadáver.
El barbero volvió a su casa, y cuando se hizo de día cogió la bacía debajo del brazo y se dirigió a casa del alcalde, que era su cliente de todos los días, y mientras le rasuraba, le contó lo que había visto, afirmando que Perejil, el gallego, había dado muerte a un moro que tenía en su casa y lo había enterrado aquella misma noche.
El alcalde era el hombre más despótico y avariento de Granada. Examinó el caso desde el punto de vista de robo con asesinato; el botín sería grande y lo importante era que pasara a manos de la Justicia. Perejil iría a la horca. Con esta idea llamó al alguacil, hombre flaco, vestido a la antigua usanza española, con un gran sombrero negro, gorguera alechugada, una capa negra que le caía de los hombros, traje negro y una vara lisa, insignia de su autoridad. Ante su presencia le dio orden de echar el guante al pobre Perejil. No tardó en cumplirla, pues poco después comparecía ante el alcalde el acusado con su borrico. Con aspecto ceñudo y voz dura, le dijo que sólo con el patíbulo se pagaba el crimen que había cometido; pero que era caritativo con él y se hacía cargo de que el muerto en su casa era un moro, un infiel, y por ser enemigo de su religión, en un arrebato, lo había matado.
-Echemos tierra al asunto -dijo- y entrega lo que has robado.
El pobre aguador, asustado, contó lo ocurrido con el moro enfermo. Pero fue inútil. El alcalde se obstinaba en que el moro tendría joyas, a lo que contestó Perejil que sólo le había dejado una caja de sándalo en pago a sus servicios.
-¿Dónde está esa caja? -inquirió el alcalde.
-En uno de los cestos de mi borrico -contestó el aguador.
Inmediatamente vino el alguacil con la caja de sándalo. El alcalde, con mano temblorosa y ojos de codicia, abrió la caja y no encontró más que un rollo de pergamino lleno de caracteres arábigos y un cabo de vela.
Convencido de que no había botín, escuchó las explicaciones del aguador, y, en vista de su inocencia, le dejó en libertad, pero se quedó con el burro. Desde entonces el desgraciado gallego subía y bajaba desde la fuente de la Alhambra con el cántaro al hombro y tenía que soportar las injurias de su esposa, que le echaba en cara el no haberla obedecido.
Un día en que, a causa de estas riñas, se enfureció el desgraciado Perejil, agarró la caja de sándalo y la estrelló contra el suelo. La caja, al caer, se abrió y de ella salió un rollo de pergamino. Lo cogió, se lo metió en el bolsillo y se fue a la tienda de un moro de Tánger, pidiéndole que le explicara el significado de aquél. El moro le respondió que servía para rescatar tesoros escondidos bajo el poder de algún encantamiento.
Pronto se enteró Perejil de que, según la leyenda, bajo la torre de Siete Suelos había grandes tesoros, y se lo comunicó al moro. Éste no había podido enterarse por completo del significado del pergamino, puesto que había que leerlo a la luz de una vela especial, que al fin se encontró en la caja de sándalo.
Aquella misma noche, a las doce, fueron a la torre. Al oír las campanadas, encendieron el cabo de vela y el moro empezó a leer el pergamino. Apenas terminó de leerlo, se produjo un ruido subterráneo y el suelo se abrió, dejando al descubierto un tramo de escalones. Bajaron temblando y vieron bajo una gran bóveda un arca custodiada por dos moros inmóviles, como encantados. Ante ellos había enormes montones de monedas de oro. En cuanto las vieron empezaron a llenarse los bolsillos; pero de pronto un gran ruido se dejó oír y el moro y Perejil echaron a correr, despavoridos, no parando hasta llegar afuera.
Ya más tranquilos, se sentaron en el suelo, y decidieron no contar a nadie lo ocurrido y volver a la noche siguiente por más dinero.
Al llegar a su casa, la mujer se le quejó por su tardanza, y entonces Perejil no pudo menos de contarle lo ocurrido. La mujer se echó al cuello de su marido, loca de alegría. Aprovechó esto Perejil para decirle que no volviera en su vida a reñirle por ayudar a un semejante en la desgracia.
Al otro día, con el dinero que su marido había traído, se apresuró la mujer a comprar ropas y alimentos, de los que estaban tan necesitados, y éste, a su vez, vendió algunas monedas de oro a un joyero, que las calificó de extraordinarias, ya que eran de purísimo oro y con inscripción árabe.
Todo el vecindario se hacía lenguas del cambio operado en la familia de Perejil. De pobres y miserables habían pasado a ser unos burgueses acomodados.
Un día una vecina que fue a casa de Perejil vio sobre una mesa un gran montón de oro. La sospecha nació en ella y le faltó tiempo para ir a contar al alcalde que en casa del desgraciado Perejil había visto mucho oro, y que sin duda tenía que haber sido robado de algún sitio.
El alcalde, sin perder un momento, envió a la Justicia en busca de Perejil. Éste no tuvo más remedio que contarle lo ocurrido. En cuanto lo supo el alcalde, que era muy ambicioso, decidió visitar los sótanos de la torre.
De nuevo todo ocurrió como la noche anterior. El alcalde, el barbero, el aguador y el moro salieron de aquellos sótanos cargados de oro. Una vez arriba, el alcalde quiso bajar de nuevo para subir el cofre-Perejil y el moro se opusieron; pero al alcalde no hubo quien le convenciera y bajó otra vez acompañado del barbero. No habían pasado unos minutos desde que se habían internado bajo tierra, cuando ésta, de repente, se cerró, quedando enterrados bajo la gran torre de los Siete Suelos.
En cuanto a Perejil y el moro, vivieron felices, disfrutando de las riquezas sacadas de esta encantada torre.

(Vicente García de Diego)

viernes, 21 de febrero de 2025

Ruta de los extraterrestres - Madrid

 

Seguro que muchos de vosotros conocéis a alguien que afirma que los extraterrestres existen, o incluso, a algún amigo que conoce a alguien que tiene un amigo que es primo de uno que escuchó que su vecino fue abducido. Esta atracción por lo extraterrestre ha estado presente en nuestra sociedad desde hace muchos años, y hoy en día, sigue aún a nuestro alrededor.
Este hecho, unido a la presentación de la película “Paul” en España hace unos meses, propició la creación de la primera ruta extraterrestre por la Sierra de Madrid, un lugar conocido por haber estado siempre muy vinculado con asuntos ufológicos. Está película fue la excusa perfecta para organizar la ruta OVNI, principalmente porque la fisiología del extraterrestre protagonista del largometraje encajaba perfectamente con la idea de ente de otro planeta que rodea este área.
Durante los años sesenta y setenta, no dejaron de escucharse historias relacionadas con estos temas y que situaban a la Sierra de Madrid en un punto clave a nivel ufológico. De hecho, la sierra llegó a bautizarse como “Área Norte”. Por ese tiempo, una persona que prefería ser conocida como “Señor X” aseguraba que el pantano de El Vellón escondía una base alienígena. Muchos fueron los curiosos que se acercaron al lugar, intentando ver qué encontraban los buceadores que eran capaces de sumergirse en el pantano. Según cuentan, los equipos de buceo se volvieron locos y las aguas se volvieron de color negro.
Son muchas las personas que afirman haber visto alguna actividad “no identificada” en la Sierra de Madrid, y esta es una de las razones por la que se creó la “Ruta Extraterrestre Área Norte”. Esta, intenta emular la famosa “ruta ovni” de la famosa “Área 51” de Estados Unidos, y nos permitirá adentrarnos en lugares tan bellos y misteriosos como El Berrueco, el Pantano del Atazar, La Cabrera o La Pedriza.
Creamos o no en los “objetos voladores no identificados”, esta ruta no nos defraudará, además de ofrecernos la excusa perfecta para escaparnos a disfrutar de sus paisajes.

Tus casas rurales

Las cinco campanadas - Villena (Alicante)

 


Cuentan en Villena que, allá hacia el siglo XV, tras fallecer el rey Enrique IV de Castilla, el Marqués de Villena fue declarado rebelde por Isabel y Fernando, pues el primero apoyaba el reinado de Juana. Alertado por la orden de levantarse en armas contra él, expuso al alcaide del castillo (Pedro Pacheco) la urgente necesidad de reunir a todos quienes deseasen combatir a Isabel y sus partidarios, para así anticiparse y atacar por sorpresa. Judíos, mudéjares y castellanos, seguidores de Juana, formaban aquella milicia capitaneada por el marqués: Diego López Pacheco y Portocarrero.
Recluidos en el castillo, comenzaron a preparar su estratagema cuyo fin era masacrar a sus rivales, los isabelistas. Esperarían en la fortaleza hasta escuchar las tres campanadas que se tocan al alzar a Dios durante la misa, en la iglesia de Santa María, donde se encontrarían numerosos componentes del bando enemigo, reunidos. Esa iba a ser la señal para atacar a sus indefensos vecinos, a traición. La estrategia estaba preparada y clara: los juanistas vencerían y tomarían Villena en nombre de Juana de Castilla.
Pero la suerte quiso que tal plan llegase hasta los oídos de una anciana quien, temerosa del destino de sus vecinos, alertó a los suyos de aquello que se urdía en lo alto de la Atalaya. Estos, liderados por Cristóbal de Mellinas y, ocultando que habían averiguado el plan de los juanistas, avisaron a los pueblos vecinos y se prepararon para repeler al Marqués de Villena y a los suyos. Determinó Mellinas que, en lugar de tres campanadas se darían cinco y esperarían a que los rebeldes bajasen del castillo, hacia el templo cristiano, creyendo que atacarían por sorpresa cuando, en realidad, serían los sorprendidos.
Y tal como Mellinas planeó, ocurrió. Sonaron las cinco campanadas y los juanistas descendieron, en gran alboroto, esperando sorprender a los isabelistas, a quienes esperaban encontrar reunidos en la iglesia de Santa María. Pero no fue así, pues estos se habían escondido por los recovecos de las callejuelas y, cuando llegó el momento, se plantaron frente al enemigo combatiéndolo con dureza. Los de Mellinas salieron, finalmente, victoriosos. Isabel y Fernando prohibieron que cualquier Pacheco pisase de nuevo la ajusticiada Villena.

Sendas y Leyendas 

LA PANTARUJA, EL ESPANTAJO ENCAPUCHADO - ALBURQUERQUE

 


La Pantaruja como todos sabemos es un espantajo que durante la noche suele recorrer las calles del pueblo vestido con una túnica blanca y escondiendo su desconocida faz bajo una capucha, normalmente porta un cirio ó antorcha, se mueve con gran rapidez y en ocasiones camina arrastrando sus pies descalzos por el frío empedrado de las callejuelas pareciendo estar realizando algún tipo de penitencia.
Se deduce por su comportamiento que pudiera ser el alma en pena de un penitente que deambula de madrugada por las calles más oscuras de la población guiada por alguna promesa.
Las referencias aportadas indican que nunca se ha enfrentado a nadie, no se dirige a las personas con ánimo de amedrentarlas con su presencia, parece que su única misión es vagar en solitario realizando dicha penitencia, el caso es que solamente su presencia en la penumbra de la noche bajo un silencio sepulcral es inquietante.
Son muchos los pueblos de Extremadura donde hace muchos años dicen haber visto estos espantajos: Pantarujas, Pantarullas Mantaruja, Marimanta… el caso es que esta antiquísima tradición de las Pantarujas, que se creía extinguida, ha vuelto a renacer en Alburquerque, sin duda una población muy ligada a este ser.
La última vez que se la vio en este pueblo fue en diciembre de 2005, así lo aseveran varios testimonios:
José Pablo Rodríguez Meléndez, trabajaba en la panificadora de la Virgen de Carrión, cierto día se dirigía al trabajo en torno a las 5:30 h de la madrugada. Cuando se disponía a estacionar su vehículo en los aparcamientos se dio cuenta que a unos 50 metros de él estaba la Pantaruja, parecía una personas vestida con una túnica blanca y una capucha que realizaba movimientos extraños, rápidamente comenzó a tocar el claxon para avisar a sus compañeros que se encontraban trabajando en el interior, pero en ese mismo momento el espantajo echó a correr a gran velocidad y se perdió entre el matadero municipal y una nave industrial.
La mayoría de los encuentros con esta fantasmagórica figura suelen ser de madrugada, pero en una ocasión a una mujer, que prefiere mantenerse en el anonimato, la divisó a las 8 de la tarde. Esta señora venía de hacer la compra por la Avenida de Extremadura, cuando a la altura de la plaza de toros, vio a la Pantaruja, estaba a unos 20 metros de ella en una zona oscura de la avenida, llevaba una túnica blanca abrochada a la altura del pecho y una especie de capa encima, en las manos llevaba algo que no pudo ver y unas especie de luces en la cabeza. Inmediatamente la mujer llamó a sus hijas que rápidamente se presentaron el lugar con el novio de una de ellas, todos pudieron ver al espantajo, en un momento dado la misteriosa figura echó a correr a tal velocidad que perdió de vista al chico que salio corriendo tras ella.
Podríamos decir que José Miguel Gemio Taborda, de 22 años ha sido la única persona que ha tenido una contacto directo con la Pantaruja, se le apareció una madrugada a las 5 de la mañana en la calle San Pedro, cuenta que llevaba una sábana blanca hasta los pies y un trozo de tela en la cabeza, con agujeros a la altura de los ojos y la boca, la capucha estaba atada por una cuerda al cuello y portaba una caña y un cirio, en un forcejeo consiguió quitarle la caña que portaba y la golpeó con ella en la espalda un par de veces, el espantajo salió corriendo en dirección a la calle San Antón y no volvió a aparecer.
María Esperanza Canchales, una chica de 17 años que trabajaba en una escuela taller, asegura que vio al espantajo de espaldas, en la calle San Antón, y corrió rápidamente hasta que en la plaza llamó por teléfono a una amiga.
Un matrimonio de edad avanzada venía de un baile en el Hogar del Pensionista y se dice que se encontró de lleno con este inquietante personaje, pudieron escuchar como les decía: «Hermanos míos, vamos a rezar un avemaría y un padrenuestro a las ánimas benditas del purgatorio».
Uno de los lugares del municipio donde se le ha visto con mayor frecuencia es el callejón que comunica las calles San Antón y San Pedro.

Extremadura Misteriosa

miércoles, 12 de febrero de 2025

La muerte de Roldan - Huesca

 

Cuenta la leyenda que el famoso Roland, o Roldan, era hijo de la princesa Berta, que a su vez era hermana de Carlomagno, y del duque de Angers. Se cree que yendo la princesa, en cierta ocasión, de viaje por tierras de Italia, dio a luz a Roldan, el cual, en el momento de venir al mundo, cayó rodando al suelo -rouland—, de ahí su nombre de Roland.
En estos parajes campestres vivió el niño toda su infancia, en contacto abierto con la naturaleza. Pasados los años, se convirtió en uno de los más famosos caballeros de la época, por su destreza, su porte arrogante y su extraordinaria bravura.
Con su tío Carlomagno marchó un día al histórico combate que había de dar lugar a la derrota de Roncesvalles, en la que el emperador, viendo perdida la batalla y deshecho su ejército, logró huir por los montes. Roldan, como un cadáver más, quedó allí abandonado y herido, sepultado por el cuerpo inerte de su caballo Vigilante, que había caído sobre él. Cuando volvió en sí y se dio cuenta de su situación, intentó librarse del enorme peso del animal, y apoyando una de sus manos sobre la roca, logró ponerse en pie con un extraordinario esfuerzo. Dicen que las huellas de sus dedos se conservan aún marcadas sobre la piedra, como testimonio de su descomunal fortaleza. Roldan contempló unos momentos el terrible panorama y trató de orientarse para buscar el camino que conducía a Francia; pero tuvo que hacerlo con cautela, porque el enemigo estaba aún al acecho. Después de grandes penalidades, y escondiéndose entre los riscos, Roldan logró llegar hasta el valle de Ordesa. Una vez allí, sólo tenía que trepar por los empinados riscos que cerraban el valle.
Extenuado ya por la fatiga, inició la ascensión, mientras escuchaba a su espalda un rumor de tropa, acompañado de fuertes ladridos. Toda una jauría le perseguía, olfateando su camino. Roldan aceleró su marcha y llegó hasta más allá de Cotacuero. Se creía salvado de momento, cuando de detrás de unos riscos vio surgir las figuras de cuatro hombres. Creyendo el héroe que aquéllos eran sus perseguidores, desenvainó su espada Durandarte, en un supremo esfuerzo, y les cortó a todos la cabeza. Ninguno hizo ademán de defenderse, porque en realidad no se trataba de la vanguardia de sus perseguidores, sino de unos cuantos caminantes extraviados e indefensos.
Roldan, tras este último esfuerzo, se sintió desfallecer; la debilidad y el agotamiento se iban apoderando poco a poco de sus nervios y de sus músculos. No obstante, al comprobar que la tarde declinaba y que la noche iba a impedirle orientarse, hizo un esfuerzo y llegó con paso lento hasta la base de la montaña que le separaba de Francia. Comenzó a subir, arrastrando ya pesadamente sus pies y sintiendo los latidos de sus sienes, como si las venas quisieran saltar de la cabeza. Entonces creyó oír, saliendo del fondo del valle, una voz misteriosa que le anunciaba su próximo fin si persistía en continuar el camino. Pero Roldan, firme en su propósito, continuó la marcha, que ahora resultaba más pesada, porque una fuerte ráfaga de viento soplaba en dirección contraria. A poco, el cielo, ya oscuro de la noche, se encapotó con negros nubarrones, y una horrible tormenta empezó a caer sobre la montaña, entorpeciendo la marcha de Roldan. A lo lejos seguían escuchándose los ladridos de los perros, que parecían acercarse más y más. Poco después Roldan se vio acometido por la jauría, que llevaba gran ventaja a los soldados. Sin mucho esfuerzo, les asestó una serie de certeros golpes y los dejó muertos a todos. Miró hacia abajo y divisó a sus perseguidores, que con paso rápido se dirigían hacia él. Comprendió entonces que no podría hacer frente a un número tan elevado de hombres, y realizando el último alarde, lanzó su espada Durandarte al otro lado de la montaña, para hacer llegar un último saludo de despedida a su patria; pero no logró elevarla a suficiente altura, y, tras de tropezar en la montaña, el arma cayó a sus pies.
Mientras, el rumor de los perseguidores se iba haciendo más claro a cada momento. Roldan, con gesto rápido, volvió a lanzar su espada a gran altura, a fin de hacerle traspasar la montaña; pero de nuevo tropezó, y volvió a caer cerca de él. Desalentado, Roldan intentó una vez más alcanzar su propósito; pero el fracaso se repitió. El héroe, viéndose perdido, volvió a recoger su espada del suelo, y esta vez, con un sobrehumano esfuerzo, la lanzó horizontalmente, con tal violencia, que Durandarte atravesó la montaña y cayó en tierras de Francia, dejando una brecha abierta, por la que Roldan, casi sin sentido, pudo contemplar por última vez su patria. Inmediatamente cayó al suelo: el esfuerzo realizado había sido tan enorme, que las venas del cuello le estallaron, dejándole sin vida.
Sus perseguidores le encontraron muerto en este histórico lugar del valle de Ordesa, de Huesca, conocido desde entonces con el nombre de la Brecha de Roldan.

(Leyendas de España - Vicente García de Diego)

Las tres hermosas Princesas - Granada

 

Hace mucho tiempo, cuando los musulmanes todavía dominaban los territorios conocidos como Al - Andalus, vivía en la Alhambra un monarca de nombre Mohamed, al que sus súbditos conocían como "el Zurdo". Decían de él que no era muy diestro gobernando pues tres veces perdió el trono, pero también era un gran combatiente y tres veces lo recuperó. 
Un día, cuando realizaba una expedición por Sierra Elvira, observó a un grupo de guerreros que venían de hacer una incursión en tierras cristianas. Entre los muchos rehenes que habían tomado se encontraban una hermosa joven que lloraba desesperadamente y su anciana aya. Nada más verla, el rey quedó prendado de ella y como gobernante, exigió que le fuera entregada.
La llevó a la Alhambra y allí trató de hacerla su esposa, mas la muchacha se negó y continuó con sus lamentaciones. Viendo que de este modo no podría llegar a ella se acercó a su aya, una discreta mujer de la que no se recuerda su nombre cristiano, y logró convencerla para que hablara con su señora.
Aya y dueña discutieron durante largo tiempo y al final, la joven acabó aceptando la petición de matrimonio del rey por consejo de su amiga. Ambas se convirtieron al Islam y cambiaron sus nombres, pero sólo uno se recuerda, el de la nodriza, que pasó a ser conocida como Kadiga.
A los pocos años, la real pareja tuvo descendencia y de un mismo parto nacieron tres hermosas niñas: Zaida, Zoraida y Zorahaida. Como era costumbre entre los árabes, el monarca marchó a consultar a sus astrónomos, los cuales predijeron que el rey debería tener mucho cuidado cuando sus hijas llegaran a la edad casadera... Tras aquel nacimiento poco pudo hacer la reina por su esposo pues murió un tiempo después.
Cuando las niñas fueron algo más mayores, su padre decidió enviarlas al castillo de Salobreña donde quedaron a cargo de la discreta Kadiga y donde recibieron su educación. Zaida, la mayor, era la más atrevida, Zoraida, la mediana, era la más hermosa y Zorahaida, la más pequeña, era la más tímida y sensible.
El tiempo pasó y las niñas se convirtieron en tres bellas mujeres. Un día mientras la mayor estaba mirando por la ventana hacia el mar, llegó un barco de soldados que traían consigo a tres gallardos guerreros cristianos. Las jóvenes princesas se enamoraron al instante y su ánimo cambió por completo...
Cuando Kadiga se percató de lo que les ocurría envió un mensajero a la Alhambra y el monarca decidió que ya era hora de que volvieran a su lado. Poco antes de llegar a Granada, el cortejo se encontró con unos soldados que llevaban de rehenes a los tres muchachos cristianos. Todos los soldados se arrodillaron ante el paso de su señor a excepción de los guerreros, que casi estuvieron a punto de morir a manos del rey...pero sus hijas intervinieron y cambiaron una muerte casi segura por unos trabajos forzados cerca de la Alhambra.
Una vez en el palacio, el estado de las jóvenes empezó a empeorar con rapidez. Kadiga, conocedora de lo que les ocurría, tuvo una idea: marchó a donde estaban trabajando los jóvenes y convenció a Hussein Baba, su vigilante, de que les pusiera a trabajar cerca de la torre de las princesas.
A partir de aquello su ánimo volvió a cambiar y estuvieron felices durante mucho tiempo...pero un día, los chicos no acudieron al encuentro. Kadiga anunció a las princesas que habían sido rescatados por sus familias y habían regresado a su tierra.
Unos días después, la anciana aya se presentó indignada en la habitación de las tres chicas. Había tenido un encuentro en el que los tres guerreros le habían propuesto llevársela a ella y a sus enamoradas a tierras cristianas y casarse una vez hubieran llegado allí.
Una vez escucharon la noticia las tres accedieron sin pensarlo y convencieron a Kadiga para que marchara con ellas. La discreta mujer, que en principio se mostró reacia, acabó aceptando pues ella había nacido cristiana y además prometió a su señora que cuidaría de sus hijas hasta el fin de sus días. A ellos se unió Hussein Baba, pues también era cristiano de nacimiento y quería regresar a su hogar tras muchos años de ausencia.
Unas noches después los tres cristianos acudieron bajo el balcón de las princesas. Estas tiraron una escala para bajar: pronto estuvieron en tierra Zaida, Zoraida, Kadiga y Hussein. Y así llegó el turno de Zorahaida que estuvo titubeando un tiempo hasta que se decidió a poner un pie en la escala. Pero de nuevo le asaltó la duda y comenzó a pensar en cómo se sentiría su padre cuando sus hijas no estuvieran...finalmente volvió al interior de la torre, cortó las cuerdas y ordenó a sus hermanas que huyeran.
Aunque no querían abandonarla, Zaida y Zoraida se vieron obligadas a seguir la orden de su hermana menor. Tras unas horas de marcha el grupo estaba a punto de cruzar un puente que les llevaría a la libertad cuando descubrieron que la orden de alarma había sido dada. Buscaron un vado y cruzaron por un río, pero al salir de este descubrieron que Kadiga, que iba en el mismo caballo que Hussein Baba, había desaparecido... Se sabe de ella que fue recogida por un pescador y llevada a tierras cristianas, donde recibió las mejores atenciones que una anciana puede desear.
De Zorahaida dicen que se arrepintió de no haber huido pues su padre, al descubrir la fuga de sus hermanas, la encerró en la torre y de ella no volvió a salir, pues la pena por abandonar a quienes más quería la llevó a la muerte. 
Cuentan que su espíritu estuvo un tiempo en ella hasta que...  
¿Pero qué estoy haciendo? Esta es otra historia para la que tendréis que esperar pues Samhain se acerca y otra leyenda que no tiene relación con esta he decidido contar.

(Tierra de leyenda)

Leyenda de Garxot y Miquelot = Navarra

 

Hacia el año 1100 de la era cristiana, había en el pueblo de Orreaga, en el reino de  Navarra, un famoso koblari (trobador), cuya voz e imaginación eran admiradas en varios valles.
Gartxot tenía un hijo al que había llamado Mikelot, y que prometía convertirse en un cantante tan bueno como su padre. Cuando aún era un niño, Mikelot ya cantaba con brío lo que le había enseñado Gartxot.
Pero en aquella época, la región de Gartxot y Mikelot estaba gobernada por unos monjes franceses de Sainte Foi de Conques, que poseían la abadía de Orreaga y las tierras de los alrededores. Un desgraciado día, el joven Mikelot estaba cantando cerca de Orreaga, y como de costumbre, había elejido contar la gran victoria de los Vascos sobre los Francos.
El abad francés que dirigía el monasterio se le acercó, atraido por una voz tan pura. Pero al escuchar aquel relato en el que el Emperador Carlomagno había sido vencido por un pueblo de pastores, le invadió una ira espantosa. Atrapó brutalmente al niño y le preguntó dónde había ocurrido tan funesto acontecimiento. Mikelot no tuvo más que levantar la mano para indicarle la sucesión de puertos atravesaban el Pirineo por encima de ellos. Dominado por la furia, el abad decidió que la lengua de los Navarros, el vasco, sería proscrita en sus dominios, y que aquel lugar llevaría desde aquel momento un nombre francés. Eligió
llamarlo "Roncevaux" (Roncesvalles). También se apoderó del pobre Mikelot, y lo encerró en la abadía.
Cuando Gartxot se enteró de la noticia, acudió rápidamente para reclamar a su hijo. Pero el abad no quería deshacerse de un niño que cantaba tan bien. Propuso a Gartxot que dejara a su hijo en la abadía, donde los monjes se ocuparían de su educación. En contrapartida, le prometió regalarle la cumbre de Elkorreta, una casa grande, y un rebaño de ovejas. Era una verdadera fortuna, pero el abad ponía una condición suplementaria: nunca más podría Gartxot pisar el suelo de Orreaga, ni acercarse a él. Despues de muchas dudas, Gartxot acabó por aceptar el mercado, seguramente empujado por la codicia, más que por la idea de ofrecer a su hijo un cómodo porvenir.
Los monjes enseñaron al niño el latín y la lengua romana antepasada del francés que utilizaban entre ellos. De la boca del hijo del poeta desaparecieron los versos cantados en la lengua más antigua que se pueda conocer. Las estrofas que antaño alababan el valor de los Vascos se tiñeron de desprecio, y ponderaron el mérito y la grandeza del Emperador Carlomagno y el heroísmo del caballero Roldán. Los montañeros y guerreros vascos fueron desterrados de la historia de la batalla de Roncesvalles, y sustituidos por miles de Sarracenos crueles.
Por su lado, Gartxot seguía encerrado en su cómoda casa de Elkorreta. Pero la soledad pronto le hizo comprender que los bienes materiales no son nada. Carcomido por los remordimientos, sufría horriblemente por la ausencia de su hijo.
Cuando se enteró de lo que los monjes estaban haciendo con Mikelot, no pudo resistirlo más y decidió romper su juramento. Juró, al contrario, que su hijo nunca más volvería a cantar las alabanzas del enemigo francés.
Arriesgando la vida, bajó al valle, se acercó secretamente al monasterio, y consiguió liberar a Mikelot. Pero los sargentos fueron alertados y emprendieron una loca persecución a través del bosque.
Agotados, Gartxot y Mikelot fueron cercados por los soldados franceses. Sabiendo que sería ejecutado, llorando de desesperación, Gartxot renovó su juramento. Despues de su muerte, su hijo no sería un instrumento de la propaganda francesa. Gritando él mismo de dolor, puso sus manos alrededor del cuello fragil de Mikelot, y apretó hasta estrangular a su
hijo ante los ojos incrédulos de los sargentos.
Gartxot fue cargado de cadenas, y llevado ante la justicia de los Franceses. Lo condenaron a estar encerrado de por vida en el alto de Elkorreta, en una torre que se construyó para la ocasión.
Gartxot sobrevivió durante meses, pues los campesinos de la zona le traían regularmente víveres. Un perro que había sido el amigo de Mikelot a veces le traía algo de caza y le hacía compañia.
Pero el invierno fue duro aquel año, y la nieve impidió a los campesinos salvar las cuestas de Elkorreta para aportar su asistencia.
Mientras tanto, el abad de Roncesvalles fue trasladado, y se nombró a otro en su lugar.
El nuevo jefe de la congregación decidió revisar el juicio contra el poeta. Le pareció que la sanción había sido demasiado dura, y que el prisionero había pagado lo suficiente por su culpa. El deseo de tener buenas relaciones con sus vecinos autóctonos era una buena razón para ello.
Hoy todavía, cuando en los meses de octubre y de noviembre sopla el viento del norte, cuando las palomas deciden abandonar el país, se puede oir un gemido tétrico que se parece extrañamente al de un hombre. Los montañeros navarros dicen que es el alma de Gartxot, que llora y pide perdón a su hijo.

Esta leyenda navarra fue inmortalizada por Arturo Campión, en sus "Narraciones vascas", publicada en 1935 ("El bardo de Itzalzu).

(20 minutos)

El Cristo de la Escucha - Almería

 

Las leyendas en torno al origen de la estatua que hoy preside una de las capillas más importantes de la catedral de Almería son muchas; aunque, sin duda, la más célebre y
aceptada es la que sitúa su aparición en 1489, tiempo después de la conquista cristiana de la ciudad.
Según se cuenta, una familia de cristianos viejos fue a vivir a la casa de una familia morisca expulsada durante la Reconquista, y tras haberse instalado en ella, comenzaron a escuchar una voz lejana y queda que repetía  constantemente su mensaje: “¡Escucha!
Asustados por el fenómeno, abandonaron la casa, en la que se instaló una nueva familia que vivió la misma experiencia. De acuerdo con la leyenda, esta segunda familia quiso saber de dónde venía aquella voz, así que picaron las paredes hasta que encontraron la figura de este Cristo, emparedado y repitiendo el mensaje.

(Siglo XXI)

lunes, 3 de febrero de 2025

La niña de las peras - Canarias

 

La leyenda de la Niña de las Peras es una de las más populares y a la vez la que ha sufrido más transformaciones a lo largo del tiempo. Según las referencias encontradas podemos situar el inicio de los hechos entre 1890 y 1910.
Unos padres enviaron a su hija al Barranco de Badajoz en busca de fruta, pero la niña desapareció. Es de suponer que la zona fue minuciosamente rastreada por los vecinos del lugar, sin embargo la niña no apareció. Al menos no en aquellos años. Para sorpresa de sus padres, la niña llamó a la puerta de su casa varias décadas más tardes, y en su regreso, la niña seguía manteniendo el mismo aspecto que tenía el día que desapareció.
Lo que la niña contó después de su reaparición fue lo siguiente:
Al parecer fue hasta el Barranco en busca de la fruta que sus padres le habían encargado, y se quedó dormida al pie de un peral, donde más tarde fue despertada por un ser muy alto vestido de blanco. Lejos de sentirse asustada, aquel ser le inspiró confianza, por lo que accedió sin reparos a la invitación que éste le hizo de que lo acompañara. La niña siguió a aquel extraño ser hasta el interior de una cueva en la que habían unas escaleras por las que descendieron. Al finalizar del descenso se encontraron en un jardín en el que habían más seres como el que la había guiado hasta allí, todos vestidos de blanco. La niña se entretuvo unos minutos charlando con ellos hasta que al fin su extraño acompañante la guió de nuevo a la salida de la cueva y se despidió de ella. Para ella no habían pasado más que unas horas.

(El Barranco de Badajoz)

Los seres blancos

 

La leyenda cuenta que en 1912 dos trabajadores de una de las galerías de agua que se encuentra en el Barranco de Badajoz (en concreto la galería más adentrada en el barranco, la galería de Izaña), se encontraban desarrollando su trabajo cuando la pared en la que excavaban se vino a bajo, quedando al descubierto ante ellos una galería muy amplia. Vieron entonces tres seres completamente blancos que desde luego no parecían formar parte de la plantilla de trabajadores, y que hicieron ademán de acercarse a ellos.
A partir de aquí la leyenda se divide en dos versiones diferentes:
1a. Por un lado se dice que los dos trabajadores corrieron despavoridos hasta el cuartel de la guardia civil de Güímar, con el objetivo de presentar denuncia de lo que les había pasado.
2a. Por otro lado se cuenta que los mineros llegaron a comunicarse con lo tres seres, los cuales incluso les indicaron a los mineros el lugar correcto en el que debían excavar para encontrar agua.

(El Barranco de Badajoz)

Leyenda de la calle Sierpes - Sevilla

 

En un primer momento, la calle Sierpes se llamaba Espaderos por la cantidad de locales que se dedicaban a la venta de espadas. Gracias a escritores como Cervantes la calle Sierpes se ha convertido en una de las más emblemáticas de la ciudad, pero siglos atrás esta calle fue conocida por una leyenda negra.
A finales del siglo XV comenzaron a desaparecer los niños de la calle Sierpes, provocando todo tipo de especulaciones. Don Alfonso de Cárdenas, que regentaba la ciudad por entonces, recibió un aviso anónimo de alguien que prometía revelar la identidad del culpable a cambio de su libertad.
Cuando Don Alfonso prometió públicamente la libertad del individuo, este reveló su nombre: Melchor de Quintana y Argüeso, bachiller en Letras fugitivo que había participado en un acto de rebeldía contra el Rey. El reo vivía en las galería subterráneas del subsuelo de la ciudad y aseguraba haber encontrado al culpable de la desaparición de los niños.
Melchor llevó a Don Alfonso hasta el culpable y cuan grande fue su asombro cuando lo que encontró fue una serpiente del tamaño de un basilisco.
La serpiente fue expuesta en plena calle y toda la ciudad hablaba de la calle de la “sierpe”, lo que obligó a cambiar el nombre de Espaderos por el que hoy todos conocemos.

(Sevilla secreta)

La casa del Diablo - Huelva

 

Se trata de un caserón del siglo XVIII que se encontraba en la calle Palos, en las inmediaciones de la plaza Quintero Báez.
En concreto, el nombre de la casa proviene de unas figuras de caras deformes que adornaban la fachada y que se encontraban enfrentadas entre sí. La cultura popular la denominó de esa forma por la semejanza entre las caras deformes y los diablos. Los transeúntes a veces se santiguaban al pasar delante de la casa para evitar la “mala suerte” y la “mirada” de los “diablos”, según recuerda el blog La Huelva Cateta.
Sin embargo, el origen de estas caras no está claro. Podrían ser simples adornos de la fachada de un rico comerciante, pero algunas fuentes designan al edificio como sede de un hospital en épocas de epidemias. En ese caso, las caras deformes serían una especie de advertencia del peligro de contagio en su interior, añadió dicho portal digital.
A finales de esa década fue derribado el inmueble y se construyó lo que hoy día es el Colegio de Farmacéuticos.

(Huelva Hoy)

Leyenda del Cachorro de Triana

 

En la Cava de Triana vivía un gitano con una gran habilidad para tocar la guitarra y el cante jondo, conocido como “el Cachorro”. Nunca se le conocieron amores a este hombre, pero cada día cruzaba el puente de barcas para ir a Sevilla en busca de una misteriosa persona. Un payo que lo veía día tras día sospechó que estas visitas recurrentes se debía a que lo hacía para cometer adulterio con su esposa.
Fueron estos celos tan intensos que un día, sabiendo el payo de la salida de Cachorro, lo esperó escondido y mientras que éste sacaba agua del pozo de la Venta Vela, le asestó siete puñaladas que le quitaron la vida.
Por otra parte, el escultor Don Francisco Ruiz Gijón estaba sumido en una crisis creativa, ya que la nueva Hermandad de la Expiración necesitaba una escultura que representase al Señor en el momento de su muerte y se la encargó a él. Era una de los mejores imagineros de la ciudad, pero este encargo le obsesionó hasta un punto en el que ni dormía.
Una noche, el escultor se despertó repentinamente y tuvo un súbito impulso de salir a la calle. Atravesó el puente de barcas y fue hasta la puerta de la capilla de Patrocinio, donde presenció el terrible asesinato del “Cachorro”. Quedó impresionado ante la mirada del moribundo, así que sacando el artista que llevaba dentro y su parte menos humana, retrató la cara del difunto con carboncillo. El escultor plasmó esta agonía del gitano en una talla: el Cristo de la Expiración.
Cuenta la leyenda que cuando en el año 1682 salió la nueva imagen de la Hermandad del Patrocinio por primera vez, los vecinos de Triana comenzaron a gritar, “¡Mirad, si es el cachorro!”.
Más adelante, tras una investigación se demostró que “el Cachorro” sí que iba a ver una mujer, pero el payo estaba equivocado, ya que se trataba de una hermana bastarda del difunto.
El Cristo de la Expiración se puede ver en la capilla del Patrocinio de la calle Castilla y os lo podréis encontrar paseando por las calle de Sevilla el Viernes Santo.

(Sevilla Secreta)

domingo, 2 de febrero de 2025

Argantonio, rey de Tartessos

 


Rey de Tartessos (?, h. 670 - ?, h. 550 a. C.). Su larguísimo reinado (quizá del 630 al 550 a. C.) marca el apogeo de la cultura tartésica, que llegó a dominar todo el sur y sureste de la península Ibérica, entre Huelva y Alicante, con capital en la propia ciudad de Tartessos, cerca de la desembocadura del Guadalquivir. El nombre de Argantonio, que revela un origen indoeuropeo, aparece en las fuentes griegas ligado a la riqueza minera de su reino (bronce y plata), con la cual prestó ayuda a los focenses para financiar la fortificación de Focea (ciudad griega de Asia Menor) contra la amenaza persa. Sin embargo, no logró con ello que se establecieran en su reino colonias focenses, con las que aspiraba quizá a sacudirse la tutela comercial establecida.

Poco se sabe de los antecesores de Argantonio. Entre sus predecesores estaba ellos Gerión, que se enfrentó con Hércules; Norax, su nieto, que colonizó Cerdeña o Gargoris, que fundó una nueva dinastía. Hasta aquí sólo nombres, pero veamos qué más podemos averiguar de estos personajes, dejémosles que nos hablen: Las fuentes griegas nos hablan de un primer rey, llamado Gerión ser fantástico de tres cabezas y tres cuerpos que, como ya hemos dicho, tuvo que luchar contra Hércules cuando a éste se le encargó robar sus rebaños. Este primer rey mítico, tuvo una hija que dio a luz a un varón, de nombre Norax, y que fue el siguiente rey de Tartessos. Rey inquieto y curioso que le llevó a colonizar la isla de Cerdeña y fundar una ciudad que lleva su nombre: Nora.
La Dinastía de Tartessos fundada por Gárgoris de la que forma parte Argantonio comprende una serie de reyes míticos y tal vez una reina, antepasada de Gerión. 

Gargoris y su hijo Habis transmiten a sus súbditos importantes conocimientos tales como la recolección de la miel, o el uso del arado con bueyes, la diferenciación de la sociedad en 7 clases y la distribución del trabajo, obra de Habis. 

La sociedad de la que Argantonio formaba parte era según las fuentes una sociedad estratificada, una comunidad urbana con clases sociales y especialización del trabajo, es decir, una sociedad civilizada. Con una clase dominante que utiliza signos externos que la diferencian del resto, utilizando objetos que vendrán de las continuas relaciones comerciales y de intercambio, con centroeuropeos, cananeos, fenicios y griegos. 

Hay muchas fuentes que confirman la longevidad de sus reyes . El reinado de Argantonio sería según Herodoto de 80 años y una vida de 120. Para Plinio llegó a los 150. Incluso algunos aventuran a darle la edad de 3 siglos. 

Caro Baroja se refiere a una Edad de Oro “... la felicidad y la longevidad se atribuían a los tartesios ... según Estrabón”, relacionado con el trabajo de la plata y sus minas.

Gárgoris y Habis

 


Antes de Tartessos hubo en el sur de la Península un rey poderoso llamado Gárgoris, un hombre benéfico que inventó el arte de recoger la miel. Este rey tenía una única hija que concibió a destiempo, según unas versiones porque la violaron y según otras porque su padre la sedujo. Sea como fuera, Gárgoris entregó el nieto a unos criados para que lo abandonaran en el monte. Sin embargo, las alimañas, más compasivas que los hombres, lo adoptaron, lo amamantaron como uno más de la manada, y el niño creció sin peligro. Gárgoris ordenó a sus criados que lo arrojaran a los perros hambrientos y a los cerdos, pero los animales respetaban al niño e incluso lo cuidaban. Finalmente, ordenó que lo Írrojaran al mar, pero las olas lo devolvieron sano y salvo a una playa. Allí lo encontró una cierva y lo amamantó. 

El niño creció con la maravillosa agilidad de los ciervos y vivió entre ellos hasta que cayó en la trampa de unos cazadores. Los captores, al comprobar que se trataba de un niño criado entre animales, lo condujeron ante el rey. 

Habían pasado algunos años, pero Gárgoris reconoció inmediatamente a su nieto. Admirado de que hubiese sobrevivido a todos los peligros, lo que evidentemente indicaba que los dioses lo protegían, lo adoptó como heredero y sucesor. 

El niño, Habis, creció hasta convertirse en un hombre y cuando le tocó reinar fue un gran gobernante. A él se atribuía la invención de la agricultura porque enseñó a su pueblo a uncir los bueyes y a sembrar. 

Además introdujo prudentes reformas sociales, abolió la servidumbre, prohibió a los maridos golpear a sus esposas y dividió a su pueblo en siete ciudades, que administró sabiamente hasta su muerte, dejando a sus sucesores un Estado consolidado y próspero. 

(según Juan Eslava Galán en España insólita y misteriosa)

Belerma

 

Belerma es un personaje literario propio del Romancero Viejo, que fue creado por juglares y romanceristas del siglo XVI para designar a la dama ideal. Belerma da nombre a varios romances, y es, también la compañera de Durandarte, escrupuloso amador y amigo inseparable del caballero Montesinos, famoso por el ciclo de romances al que da su nombre. 
En el romance Oh Belerma Durandarte (Personaje que personifica a la espada de Carlomagno) se despide de Belerma y de su fiel primo Montesinos al caer en la batalla. Según dicho romance, Durandarte sirvió a Belerma durante siete años, y al inicio de su romance con ella, él hubo de marchar a la guerra, donde, tras heroicas hazañas, muere. 
En este contexto se desarrolla el romance, que según varios filólogos, es una mezcla entre la epopeya quijotesca y la tradición romancera castellana, pese a existir dicho romance en otras lenguas peninsulares, como el gallego o el catalán. 
Además, llegaron a existir variaciones del tema principal del romance en siglos posteriores 

(Wikipedia)

Calle Mancera - Córdoba


Es una calle sin salida, que lleva por nombre Mancera, apodo de un operario del campo. Según una tablilla colocada en 1559 entre los milagros u ofrendas colgados en el pórtico del Santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta, aquel trabajador se puso a arar sus tierras en el día de aquella imagen, acción criticada por un compañero, a quien contestó que nada tenía él que ver con eso para no cuidar de sus intereses; palabras castigadas providencialmente, pues se le quedó la mano pegada a la mancera, sin poderse desasir de ella por más esfuerzos que empleaba. Con esto conoció su falta y, corriendo al santuario, se arrodilló ante la Virgen, rogándole tuviese compasión de él, que no sabía lo que había dicho. Con eso logró verse libre de la mancera, que dejó allí en memoria del suceso, y con su mano señalada en la madera. 
Esto se cundió y la gente se fijaba en él, poniéndole el apodo de Mancera, que luego pasó a ser nombre de su calle.

(Cordobapedia)

La sangre del Alcázar - Sevilla

  En Los Reales Alcázares de Sevilla, se encuentra la "Sala de los Azulejos".  Cuenta la leyenda que el Rey Don Pedro I llamado el...